martes, 9 de diciembre de 2008

EL ARO DE LOS DELFINES



-Pensé que nunca más escribiría sobre este tema. Pero como dice la canción de Johansen: "el círculo, da la vuelta y al terminar, la vuelve a dar"- hablaba Ana con Víctor mientras caminaban por el Jardín Botánico-
- No sé quién es Johansen.
-Bueno olvídalo, se que no te iba a gustar de todas maneras.
-Ah bueno.

El caminar era un impulso casi sin freno, había en sus pasos un camino jamás recorrido anteriormente. Sus cuerpos no se deseaban aunque recordaban perfectamente la cama, el techo, las miradas, las sensaciones, los olores y las atrevidas tretas amorosas en esa época hace más de doce años. Estaba la incomodidad de sentir que ya no se amaban, pero amaban el recuerdo que los hizo enamorarse por primera vez cuando apenas habían dejado de ser adolescentes. Respiraban más bien ese nuevo aire que por primera vez en tantos años no habían sentido, pues, tampoco se podría decir que eran amigos, no lo fueron nunca antes ni después de haberse separado.

-No escribas de mi, haz otra cosa- Ana omitió el comentario
-Te gustaron los delfines?
-Bellísimos

Hubo un silencio. Un suspiro, de no se sabe quién fue ni por qué.

-Yo no sabía si iba a volver a hablarte- dijo Víctor- pero siempre apareces en un momento que… es justo el momento en que necesito que aparezcas.
-La verdad no sé por qué lo hice, pero me acordé mucho de ti al ver ese video y te lo envié. Yo creo que es un karma, pero en el buen sentido de la palabra. Hay cosas que no están pero lo demás sigue ahí. Sabes? Es como la historia, los personajes ya no están…

-… Pero queda el recuerdo y el aprendizaje- interrumpió Víctor- eso me lo llevaré Ana a la tumba. Eso que pasó, ese amor tan intenso… que es arte, que es puro.
Ana no sintió desazón, como en años anteriores habría sentido. Era algo tan intimo de su ser, que no deseaba compartir con nadie. No le contaría siquiera a su mejor amiga Eugenia que se había encontrado con su primer amor de los 18 años. No, eso no lo entendería nadie, no podría describir las sensaciones que esta vez eran distintas.

-Sabes que, Víctor? Hace ya casi un año, cuando te mande esa misiva por correo, en donde prácticamente te negaba mi amistad, por el hecho de que te no querías que tu esposa lo supiera, lloré. Lloré por todo lo que me hiciste ver en esos días que hablábamos por teléfono y porque ya todo había terminado y no me había dado cuenta de eso y tu sí. No entendía cómo me pedías que fuera en secreto una amiga para ti, y te decía que eso no era ser amiga, que mis amigos y su familia compartíamos la mesa, los lugares, los hijos, etc. Hoy entendí algo.

-Qué entendiste- dijo Víctor sin demorarse mucho.

-Que quizá se pueda. No te busqué, eso queda claro. Dices que llegué en un momento, nuevamente, cuando más te hacía falta. Y te digo que sólo hasta el día de mi muerte entenderé para qué demonios nuestras vidas se cruzaron, pues nunca pudimos amarnos en libertad, no pudimos hacer vida juntos a pesar que fuimos hechos para entendernos y para ser amorosos uno con el otro encajando perfectamente en las cosas que nos gustan, cómo vemos la vida.

-Recuerda Ana que yo ten enseñé cómo ver la vida más allá de lo superficial, por eso armonizamos, pues fuiste como una alumna creada, moldeada hacia un mundo que no conocías y que yo te mostré.

-Creo que estoy entendiéndolo, desde un punto distinto. Sin desearte, sin añorar el pasado, ahora que entendí que no hay posibilidad, ni quiero que exista, ni lo necesito hoy ni mañana, ahora creo que estoy hiendo hacia un camino de entendimiento.
Caminaron y se detuvieron en un árbol. Por alguna razón no voltearon a verse. Permanecieron recostados del tronco sentados en una rama uno al lado del otro.

-Ana.

-Si Víctor, te escucho.

-Fui importante para ti?

-Podría escribir un libro con todas las posibles respuestas.

-Pero no, no quiero cosas elaboradas, sé que eres muy creativa, pero deja al lado esas formalidades y dame la respuesta concreta.

-Deseas un sí o un no, como respuesta? Rió un rato de nerviosismo.
En ese momento se acercaba alguien al parque, ambos oyeron las hojas secas pisadas por unas grandes botas. Sólo oyeron la voz de un guardia diciendo: recuerden que a las cuatro cerramos se les agradece desalojar antes, gracias. Ana, no se apuró en responder.

-Bueno, Víctor. Si lo fuiste, y tanto fuiste que me faltó mucho. Sentí que no fue suficiente, que me hubiera haber hecho más vida contigo. Me quede corta. Incluso me hubiera gustado darte un hijo.

-Yo también pensé una vez en esa posibilidad, sabes. Pero bueno ahora, tu también harás tu vida, tendrás hijos como yo los tuve, vivirás tu vida con esa nueva persona. Y podrás hacer todo lo que quieras con él.

-Claro que si.

-Eso me tranquiliza, Ana.

-Qué cosa?

-Saber que al menos fui importante para alguien y más para ti que no fuiste cualquier persona. Y me alegra hablar así contigo.

- Me alegra a mí más que haya superado todo. No fue fácil. Me duró doce años entenderlo. Y bueno, no me molesta ser precursora de un pequeño trozo de alegría en tu vida. Tengo una deuda contigo, te hice infeliz en un momento. Rompí con la pureza de amor que moraba en ti. Yo por mi parte estaré ahí para escucharte y hablarte.

-Eso es bueno saberlo.

-Además entendí que sí, que uno debe tener rincones en donde los demás no participen. Podemos ser amigos sin hacerle daño a nadie, pero amigos para nosotros. El mundo no debe enterarse que Ana y Víctor son amigos, pues compartimos un sentimiento que solo tú y yo sabemos cómo hemos llegado a sentirlo.

-Fue un proceso de evolución, de muchos años. Y tienes razón al decir que es un tesoro. Es cómo el aro con quien juega el delfín, entre ellos hay una relación tan íntima y secreta, que sólo ambos saben por qué están ahí. Sólo ambos saben cómo se produce, sólo ambos conocen el tiempo el espacio, en el que puede habitar y disolverse.

-Eso, y a veces cambiamos de roles… a veces tu eres el delfín y yo el aro… y así.

-Desde luego, Ana. Y sabes por qué es perfecto ese juego de roles? Porque no hay intensión.

-Intensión. A qué te refieres con eso de intensión.

-No hay intensión de nada más. El aro es el aro y el delfín lo conoce tanto como a él mismo y el aro se deja llevar y sabe cuándo culmina su ciclo. Es una relación un tanto inconsciente.

- Por primera vez no quiero buscarle intensión a esto.

-Esto es sólo una conversación. Aquí tampoco existe una relación. No somos amigos, tampoco mi querida Ana.

-Es algo abstracto, pero tienes razón y lo entiendo. Es difícil llegar a este nivel de entendimiento. Y sé que si lo escribo como un cuento, será un fracaso.- echó una discreta carcajada.

-Seguro o quizás no- se rió junto con ella-

Estuvieron riéndose por largo rato. Recordando algunas cosas vagas, anécdotas insignificantes, que quizá eran más importantes, pero no demostraban que si lo era. Ya veían el mundo de otra manera o quizá, más que verlo lo percibían. Ana de vez en cuando suspiraba y él a veces sentía el impulso elogiarla en cantidades, pero no lo hacía. Los silencios decían tanto y a la vez ella le agradecía por haberla enseñado a percibir esos sonidos de la nada. Se adivinaban. Eran como unas almas viejas y llenas de tanta sabiduría por el camino recorrido, que ya las pasiones y sufrimientos habían sido dejados atrás. Hubo aquella tarde, un despertar necesario en sus vidas- al menos Ana lo vio de ese modo. Sólo dijeron lo necesario y ambos quedaron conformes.

-Ya son las cuatro.

-Si salgamos de aquí. En la puerta nos separamos.

Ambos tomaron sus bastones. Ana tenía lentes y Víctor su perro guía. Él la tomo del brazo y ella tanteó el terreno con la vara hasta que sintió el camino asfaltado que conducía a la salida. Se sabían el camino de memoria: el camino recto hasta dar una curva que dobla hacia los aromáticos árboles frutales de naranja y limón, siguiendo a la derecha donde el sol pega más fuerte porque ya no hay tantos árboles y unos escalones que dan hacia los bebederos justo al lado de la alcabala de salida. Se despidieron con un apretón de manos y se olieron. El sudaba un poco, ella sintió la humedad en su cuello…para él ella estaba hermosa y fresca.

(GRACIAS POR EXISTIR)

4 comentarios:

GAIA dijo...

hubiera deseado copiar textualmente laconversación de Victor y Ana esta tarde... me quedé corta con tantas cosas que se dijeron...

LenkitaSol dijo...

Woow!!!! tia quiero saber, eso sucedio en verdad???? que bello!!! me quede asi pegada a la pantalla y eso que me estoy muriendo del sueño!!!... Bellisimo sin palabras como describir esto

GAIA dijo...

lo unico quiza ficticio.... sean el jardin botanico, el guardia y algunas cosas que son mi reflexion,pero pocas... ah y en la vida real la ceguera es una metafora...la conversa fue por telefono jjj.
Gracias me encanto elimpacto que tuvo en ti... no me lo esperaba

Alex Gutiérrez dijo...

Je je... la verdad parece que es una fija para nosotros los treintones. Ver hacia atrás, solos o en compañia de la gente de hace años, y preguntarse qué hubiera sido si hubiéramos hecho tal cosa, o dejado de hacer tal otra. Tiene el sabor de las posibilidades barajeadas, y de la resignación de no disponer más que del presente. Uno de tus mejores escritos en contenido y narración.

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